viernes, 30 de diciembre de 2011

Alcohol en la herida

...la mejor medicina para el alma es la realidad...

Quizá todas las perspectivas de una vida son mentira. La que uno tiene de sí mismo, la que tienen los demás, la que se recuerda, la que se intuye que vendrá... La de aquello que nos rodea y de quienes nos rodeamos.
Quizá aprender a vivir sea acercar estas perspectivas a la mayor realidad posible.

...prefiero que me hagan añicos el corazón antes que tenerlo parado...

Siempre proclamo que prefiero las verdades dolorosas a las mentiras piadosas. Hace poco me dijeron que con los años cambiaré de idea. Pero ya dudo mucho de esta frase, desde que soy niño me la han repetido tantas veces...

Y prefiero la verdad porque no me gusta vivir entre humo. Porque me atraen las personas sin caretas. Porque nunca entendí los protocolos (los sociales, no los informáticos). Porque no temo al dolor agudo de la verdad, y sí al suplicio crónico del ocultismo y la sospecha. Porque aún no imagino sinceridad que me haga dudar de mis zapatos.

...estas fechas están salpicadas de mentira...
...brindamos a la salud del engaño y el fingimiento...

Y prefiero la verdad porque me cura el alma. Darme de bruces contra ella es dejar de intuir qué esconde la oscuridad y verlo. El golpe puede ser suave o brusco, pero me despierta de nuevo. Y mañana otra vez será de día, y podré seguir caminando.

Quitar velos, abrir bien lo ojos. Que duela la luz... porque duele, pero es el dolor de la cura, de los puntos de la cicatriz, del alcohol en la herida.




Remember: all I'm offering is the truth, nothing more.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Volver a las andadas


De verdad que no sé cómo hacía
para ir al trabajo, quedar con amigos, reírme a carcajadas,
llegar a mi casa
y no sentirla tan vacía, tan impregnada sólo de mi olor.

No sé cómo hacía para llenar tantas horas,
y decidir cómo vivirlas por unanimidad de mi mismidad.

Pero lo que de verdad no me puedo explicar
es cómo me iba todos los días a dormir a mi cama yerma
y de dónde sacaba el valor para apagar la luz
y quedarme con tanta oscuridad.

(y sí, la foto es así, no hay fallo, es la oscuridad...)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Pesimistas



Hace unos días me comentaron que este blog, y tal vez mis post más que el resto, desprendía un aire de pesimismo. Yo lo negué en parte. Creo que desprende más cosas. No obstante, hoy me veo obligado a mostraros algo hiriente. Porque yo lo he visto, y necesito contarlo. Simplemente porque creo que la indiferencia, la ignorancia o el aparcar o cerrar los ojos ante algunas cosas es lo que les da vida.

Hace tiempo escribí cómo las primeras feministas de la historia se quedaron con cara de tontas tras haber participado en la Revolución Francesa. Y cómo una periodista entre las celebraciones del reciente éxito de la revuelta egipcia fue violada por varios hombres. Los pobres egipcios trabajaron en una revolución que le han robado descaradamente. No hablemos de las mujeres musulmanas, de las que se atreven a ir ahora a una manifestación y son desnudadas o agredidas sexualmente...

Ni siquiera se trata de un tema original, probablemente lo hayáis leído en el periódico. Pero no soporto al ser humano en demasiadas ocasiones; y si se trata de hombres, peor. Mirad la sonrisa de uno de los policías de la foto...


La misma brutalidad en video: www.youtube.com/watch?v=L64kWZhjDj4

La niña buena


De pequeña decía estar acompañada por unos monitos (naturales de Venezuela para más detalle) con los que hablaba y a quienes leía. Según la versión de mi familia, cuando me reñían por cualquier suceso que yo supuestamente había hecho, los responsabilizaba a ellos manteniendo así mi imagen de niña buena.

Luego no me hicieron falta monos imaginarios, yo misma asumí mi papel de niña ejemplar y nunca di motivos para broncas. Fui una buena estudiante, asumí siempre mis responsabilidades, llegaba a casa a la hora fijada, nunca fui objeto de algún escándalo que pusiera a mis padres en evidencia.

Siempre me sentí domesticada, como si dentro de este cuerpo viviera un ser mucho más salvaje del que aparento ser. Y, poco a poco, han ido apareciendo resquicios de lo que no se pudo dominar en su día: un desafío al jefe, un poner mi vida amorosa patas arriba, una lucha sutilmente encarnizada con la familia política.

Veo en sus miradas el asco de quien censura al que no cumple bien su papel. Hay veces en que esas miradas me doblegan, otras veces consigo sonreír sabedora de las reglas del juego. Todos, en algún momento, me han advertido de que puedo perderme, que puedo estrellarme si sigo volando así.

Y recuerdo esa sabia frase que escuché un día: sobreproteger significa descalificar.

Nota curiosa: nuestro amigo Google imágenes muestra todo un repertorio de mujeres sexualizadas y glamurosas si se rastra "niña buena"...

lunes, 12 de diciembre de 2011

Gerda Taro


Ayer fui a ver la exposición de fotografía de "La maleta mexicana", de Robert Capa y sus dos cercanos colaboradores. Me encandilan las fotos de la Guerra Civil española, se me agarran a los ojos, infestan mi cerebro y se quedan incrustadas en algún punto entre el estómago y mi corazón.

Yo ya sabía de ella. De Gerda. La conocí en un libro que tenía el Inacabado. Y la quise tanto ayer...

Quise ser ella, idealista alemana y judía que vive por momentos en ese París, en ese Montmartre que supura arte y renovación y que conoce a Endré Friedmann y juntos viajan a denunciar con su cámara las miserias de unos españolitos en guerra.
Gerta Pohorylle y Endré Friedmann: Gerda Taro y Robert Capa.

Ya sabía que eran pareja y que ella muere, a los 26 años, en Brunete, Madrid.

Aún así, el recorrido por la sala llena de negativos fotográficos que fueron escondidos en su momento y que han salido a la luz unos 70 años después de que se tomaran, me volvió a estremecer.

Quise ser ella, repito, con esa cara de tanta personalidad, con esa valentía, con esos ojos, hasta con esa manera de dormir. Quise mirar por su objetivo, saber lo que sentía, saber lo que pensaba de esa barbarie en un país ajeno al suyo; quise registrar lo que escuchó, las confidencias con Capa, las noches de insomnio y bombardeo, qué se dijeron la última vez que se vieron, en qué pensó cuando el tanque la aplastó.

Su vida no llena páginas de prensa rosa ni de novelas neuróticas, casi cabe en esa maleta mexicana y, sin embargo, cuánto habría que hablar de ella...

Poema

No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.

Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.

[Miriam Reyes]

martes, 29 de noviembre de 2011

¡La leche!


Soy atea, apátrida y medio amnésica.

Hoy la mujer-fado me comenta que escuchó decir que la envidia es el deporte nacional español y que allí en su país tenemos fama de orgullosos.

Ayer dije: puedo hacer una tesis sobre el nacionalismo catalán.
Juego a aprender este idioma que tanta connotación ha adquirido, y descubro joyas como la palabra "xiuxiuejar" que significa "susurrar" y que se dice arrastrando las consonantes de una manera preciosa.
Observo cual antropóloga las peculiaridades que tiene una sociedad que usa como cemento para cohesionar a sus miembros unos rasgos que considera identitarios de su cultura y un sentimiento de rechazo (y hasta odio) hacia lo que no se contempla como tal. Ideas encajonadas que rozan el paranoidismo, que sienten siempre una amenaza que se cierne sobre su supuesta fragilidad. Situaciones, lugares y hechos que, se supone, marcan una distancia rígida y definitoria entre lo que es catalán y lo que no.
Y supongo que es así como se construye cualquier sentimiento de pertenencia a una patria, nación, religión o partido político (en esto Nietzsche podría echarme un capote). Pero aquí está tan reconcentrado que me llama poderosamente la atención.
Y siempre se me viene la misma imagen: están ataditos de ideas, de conceptos. Mente limitada, dogmas, muros en los pensamientos más allá de los cuales no es lícito adentrarse y reflexionar.

Un grupo de música de las fiestas de un pueblo que grita "independencia, puta España" para que los paisanos se animen y les coreen las canciones. Una leche que se llama "llet nostra" ("leche nuestra") y cuya filosofía es remarcar que ha salido de las cooperativas catalanas, además de tener el escudo del Barça impreso en el tetrabrik. Emisoras de música que ponen canciones en catalán o inglés, nunca en castellano. La idea extendida (unas siete personas en dos meses, de distintos ámbitos, me lo han referido espontáneamente) de que son más cerrados pero son amigos de verdad, no como (en este caso los andaluces) que muy amigos al principio pero si hay un problema 'si te he visto no me acuerdo'.

...

Soy atea, apátrida y medio amnésica. Y vivo con la sensación de que si me faltaran alguna de estas tres condiciones, el mundo sería aún más hostil.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sin viento

Quizás este post no sea más que un compendio de frases inconexas, pero bajo la misma sombra.

Cuando uno se desengaña encuentra que al final sólo nos mueve la presencia, la carne, la piel, los labios o el abrazo del otro. En el día a día.

Decía Carlos Chaouen que la Luna no puede ser el amor de todos.

En algún profundo gen de nuestro código fuente existe la orden prioritaria de escapar de la soledad con más insistencia incluso que de reproducirnos, quizá la primera no sea más que la antesala de la segunda.

Tanto el niño como el adulto juegan tontamente a lo mismo. La única distinción es que tras la adolescencia nos autoconvencemos de que nuestros juegos ya van en serio, para pensar que hay algo de coherencia en ellos.

Aristóteles hablaba de una cadena infinita de causas hasta llegar al motor inmóvil que todo puso en movimiento. Cuando me paro a tirar de la cuerda de mis causas, de mis porqués para justificar cada acción, en ocasiones, llego al extremo de la cuerda y no encuentro nada. No hay porqué, no hay sentido.

Schopenhauer ya comentaba que es difícil encontrar vientos favorables cuando no sabemos dónde nos dirigimos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Fundamentos de Física

Cada mañana, cuando te vas de mi lado, siento un frío que no se corresponde sólo a la disminución de la temperatura por la ausencia de tu cuerpo.

[La Entropía se concibe como una "medida del desorden" o la "peculiaridad de ciertas combinaciones". La Entropía puede ser considerada como una medida de la incertidumbre y de la información necesarias para, en cualquier proceso, poder acotar, reducir o eliminar la incertidumbre.]

Yo tiendo a aumentar la entropía en nuestro sistema, con mis miradas y mis temas tabúes. Me encanta la peculiaridad de la combinación tú y yo.

Sexo: nuestras pieles como elementos de una reacción química que siempre desprende calor. La Entalpía permite expresar la cantidad de calor puesto en juego durante una transformación isobárica (es decir, a presión constante) en un sistema termodinámico (teniendo en cuenta que todo objeto conocido puede ser entendido como un sistema termodinámico), transformación en el curso de la cual se puede recibir o aportar energía (por ejemplo la utilizada para un trabajo mecánico). En este sentido la entalpía es numéricamente igual al calor intercambiado con el ambiente exterior al sistema en cuestión.

Leo que científicos tratan de desbancar con los neutrinos la idea de que no hay nada que pueda desplazarse más rápido que la luz que postuló el amigo Eisntein. Me encanta saber que el pilar de la física moderna se llama relatividad.

Principio de incertidumbre: entender que sólo somos aproximaciones inexactas, no medibles, que no puedes conocer dónde estoy en cada momento. Al principio era todo más claro, tú eras tal, yo cual... después todo determinismo se fue al carajo, lo que era relativo pasó a ser incierto y con ello estallaron las brújulas, los astrolabios y las cartas náuticas.

[impregnar.
(Del lat. impraegnare, preñar).

1.
tr. Hacer que penetren las partículas de un cuerpo en las de otro, fijándose por afinidades mecánicas o fisicoquímicas.]
Impregnarte, preñarte, penetrarte, fijarte a mi...

Este ensayo y error a un tiempo de mi poesía-científica ha sido una feliz ocurrencia de que quizás si apelo a postulados objetivos no le dará miedo asomarse dentro de mi carne y gritar en mis profundidades cualquier barbaridad que me haga estremecer en los próximos siete meses.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

No te explicas

no te explicas mi animadversión a las fotografías
esas canallas que petrifican mis gestos y los invalidan
reduciéndome a un instante que no me abarca
ni me significa

no te explicas que no quiera posar
ser la musa que todas querrían ser
para que colorees sin salirte de mis curvas
y me cuelgues después como otro triunfo ahorcado más

no te explicas que me dé la licencia de representarme
en brujas lascivas que se comen
,entre musgo y leche materna,
unas a otras, como yo me he comido

(hay tantas respuestas...)


"Aquelarre", pintado por Folie en agosto de 2011. Foto tomada por Nietzsche, de la pared de su casa.

martes, 15 de noviembre de 2011

Tarde


llueve, está oscuro antes de anochecer a horas impropias
todo se atasca, se humedece, se reblandecen las farolas y las luces

todo va a cámara lenta por una rodilla mal doblada
que arde
qué distinto se ve el mundo desde una rótula enferma
que impide correr y me hace bajar las escaleras de escalón en escalón

escucho conversaciones en dos lenguas
entrelazadas que no llegan a besarse
por prejuicios de ambas.
política-nacionalismo-anacronismo

me compro un libro de poesía
y "El Principito" para mi sobrina que cumplirá cuatro años

y se me vienen a la cabeza todos los comentarios
que te he escuchado
todas las fotos que he visto a escondidas
donde su cara me muestra la tuya amorosa detrás del objetivo
y odio reconocerme celosa
de pasados y futuros

sé de las ganas de castigarte
sadismo encubierto
con mi dolor de rodilla
humillarte porque no soy insustituible
porque te aprendes mis palabras y me las repites
como si fueran nuevas y auténticas

se oyen las bocinas de los coches atragantados

antes de que llegues
yo vomito lo que no se puede sentir
me miro al espejo
me limpio los restos de recuerdos odiosos
y te espero sentada en el sofá

tranquila y sonriente
no vayas a creer que soy
una loca de ésas.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Tarjeta de embarque

Decía Unamuno que se viaja no en busca de un destino sino para huir de donde se parte. Y bien saben algunas que viajar es buen remedio temporal para perder de vista el sin-sentido. Al fin y al cabo, cuando se vive no se piensa.

El buen viajero va escalando niveles. Desde su primer pie en el extranjero hasta la pérdida completa de toda patria y bandera. El viernes sentí subir un escalón en esta carrera por perderse entre los mapas. En mi retorno, cuando tomas el último taxi a casa, cuando la atención se centra en las aceras de las calles que el coche recorre, cuando la radio escupe rumba en lugar de ritmos exóticos... aquello comenzaba a ser algo cotidiano.

Ya no sentía la emoción del regreso cargado de respuestas para las preguntas de amigos y familiares. No. Deseaba amanecer en mi propia cama, tomar mi ducha caliente y degustar mi comida. Pero por dentro, algo en mí echaba de menos estar ahí fuera, sentarme en otro incómodo Airbus cualquiera, mirar por la ventanilla y sentir que el ser humano está loco cuando el avión, aún elevándose, gira cambiando el rumbo, y crees caer en el seno de cualquier ciudad a tus pies.

Y lo diferente no es más que el ángulo de enfoque queda irremediablemente ampliado tras hacer escala en más de un continente. No puedo olvidar las colas de personas que cada día abarrotan los bancos de Quito cuando mi paciencia se queja porque un cajero automático está aún por imprimir mi recibo. Ni las horas que perdí buscando papeleras en las calles de otra Europa hasta que aprendí a guardar mi basura en el bolsillo. Ni lo grande y extraño que me parecía el mundo cuando aceras repletas de hombres arrodillados rezaban al grito en voz de la torre de una mezquita cualquiera en las calles de El Cairo.

Y ahora más que nunca nos veo, a nosotros humanos, como millones de hormigas repartidas, jugando al monopoly para matar el aburrimiento, disfrazando de elevados nuestros instintos sexuales, e inventando religiones para calmar nuestros miedos.

Su pasaporte, por favor.

martes, 25 de octubre de 2011

Amar según Ortega

(Es una aceitera regalando generosa en los mecanismos de ideas excesivamente trilladas el leer a grandes filósofos discutiendo sobre ellas. Es, en el caso del amor, subir algunos niveles la enciclopedia cupido patrocinada por las canciones de moda)

Decía Ortega que el amor auténtico es la fuerza encargada de mejorar la especie en todos los sentidos, pues se trata de un impulso hacia lo perfecto, hacia algo que consideramos mejor, excelente, más cercano a la perfección que el resto, ya sea una persona, una cosa o un lugar. Ya sea en su belleza, en sus artes, en su filosofía o en su bondad.

Decía que amar es afirmar a lo amado, desear que exista, empeñarse en ello como meta, desinteresadamente. Por lo que si el objeto amado no cambia, la unión virtual no cesará. Y experimentamos la urgencia de disolver nuestra individualidad en la suya, a pesar del celo con el que la guardamos en cualquier otra circunstancia.

Y decía que sí, que el amante se puede equivocar. Percibir la realidad ya es ardua tarea. Y las personas son lo más complejo de esa realidad, difíciles de entrever. Y sí, el amante también puede enamorarse del amor, encomiado por todo tipo de artes, y convertido en ideal de acción vital por muchos; lo amado aquí es sólo un pretexto. Y tampoco es amante quien sólo busca enamorarse, porque sólo aman el vivir el éxtasis perecedero, sienten la plenitud de su felicidad al estar fuera de sí en lugar de sobre sí.

Pero decía Ortega que, a pesar de todo lo anterior, jamás puede ser considerado el amor como un error o una ilusión o un vuelo pasajero. Y atribuía esta opinión sólo a quienes nunca fueron amados de verdad, que es, bajo su prisma, la suerte que espera a la mayoría.

lunes, 24 de octubre de 2011

Manifiesto servilista


Podría ser mucho más empalagosa.
Podría arrastrarme a tus pies si hiciese falta, si así lo quisieras.

Sí, esto es un manifiesto de sumisión absoluta:

Podría ser tu sombra,
tu perrito faldero,
tu títere con o sin cabeza,
tu mujer florero, tu gheisa, tu muñeca hinchable, tu muñequita vestida de azul
Podría ser tu cero a la izquierda,
tu felpudo, tu bastoncillo de los oídos
o tu estatua de barro fresco, tu lienzo en blanco y la modelo inamovible de mirada perdida...
Podría ser lo que tú quisieras que fuese,
sólo por el placer de ser lo que me pidas.

Lo firmaría, ciega (muda, absorta y de rodillas)
Obligaría a cumplirlo a todas las Folies que me habitan y degollaría a aquéllas rebeldes que quieren seguir siendo genuinas

Pero eso sí,
si llegara el día en que no se te ocurra nada que pueda ser,
o si quisieses que fuera yo sin ti,

ese día

recogería mi sumisión del suelo y me largaría,
metería en un saco mi sombra, mi perro faldero, mi gheisa y mi marioneta, mi florero y mi muñeca de plástico, mi cero, mi felpudo, mi bastoncillo quita-cera.


Me iría, amor, con mi libertad a otra parte.

domingo, 23 de octubre de 2011

OLVIDADA

He estado olvidada; meses y meses lejos de esa parte de mí que amo tanto: la que sería capaz de cosas maravillosas si la dejasen.

He leído y releído frases mías y ajenas y he pensado en cómo podía haber desperdiciado todo aquello por perderme en artículos de virus, en ensayos clínicos de cosas que acaban en “-mab”, en cursos de probabilidad catesiana que no usaré…y lo peor es que soy reincidente: una y otra vez acabo mi terapia de deshabituación, hago propósito de enmienda, me digo que ésta es la última..y vuelvo a la adicción socialmente alabada de vivir para el trabajo.

Así que no prometo cosas inútiles, aprovecharé este estado de lucidez mental transitoria para darme a mí misma una fiesta de bienvenida a nuestra inacabada folie...

miércoles, 19 de octubre de 2011

Herencias

Hoy escucho que es el día del cáncer de mama. A pesar de que rechazo esa absurda asignación de un espacio en el calendario para eventualidades varias, algo se me remueve dentro.

Las veo casi a diario en el hospital donde trabajo, con sus pañuelos en la cabeza o en la sala de espera de las mamografías. Ésas son las fácilmente reconocibles, soy consciente de que habrá muchas más que se me escapan entre los pasillos.
Estudié en la carrera pormenorizadamente este cáncer. Las estadísticas, los tipos, los factores de riesgo, el tratamiento... Recuerdo a mi profesor de oncología decir que, de hecho, no era posible eliminar todas las células malignas, por lo que las posibilidades de metástasis siempre estaban ahí, al acecho. Levanté mi mano y le pregunté si realmente confirmaba eso que la curación era imposible: no me lo negó.

Antes de estudiarlo, crecí con él. A mi madre le dieron dos años de vida cuando yo tenía tres. El cáncer de mama siempre fue el cáncer de mamá. Ella aún sigue viva, al igual que mi abuela y una de mis primas, que también lo han padecido. No así mi tía... en fin, es larga la lista, lo sé, y eso me hace esperarlo como una visita posible e incómoda a la que tendré que recibir y largar educadamente de mi casa tan pronto como me sea posible.

Una de cada ocho mujeres. A veces pienso, en un arranque solidariamente egoísta, que ojalá pudiera elegir a las siete que queden indemnes cuando a mí me llegue, si me llega. Eso fantaseo cuando me hago la valiente, que es casi siempre. Otras me entra el miedo y miro mis pechos con mimo y casi nostalgia... y recuerdo a mi profesor de oncología, señalando la curva de la gráfica que nunca toca la horizontal y por tanto no asegura la curación completa.

He aquí la vida y sus cosas: ese profesor fue el mismo médico que había asistido a mi madre veinte años antes. Así que me permito desconfiar de las teorías científicas, de todos modos, siempre he sido muy escéptica.

Brindo con ustedes por todas las tetas del mundo. Salud.

lunes, 17 de octubre de 2011

Desvanes

Hace años, una noche, me enamoré de una mujer que acudía entre amigas a una despedida de soltera. Fue de esos enamoramientos de un par de horas que no se consuman más que en miradas de recíproco deseo. En algún momento le confesé que yo era un melancólico. Se quedó pensando, quizás sinceramente, quizás para engatusarme aún más. Me gusta, concluyó muy seria.

De pequeño, no sé dónde, leí que para ser feliz bastaba con tener mala memoria. Al pasar de los años recuerdo esa frase, y el poder recordarla también me permite entender lo que significa. A menudo digo, en tono de broma, que tengo un problema: tengo muy buena memoria. Recuerdo demasiado de cada buen momento de mi vida pasada.

Cuando conduzco por la misma carretera que hace años recuerdo quien me acompañaba en aquel viaje, el motivo para el que lo hice. Cuando camino por algún rincón de alguna ciudad, recuerdo las conversaciones de paso tranquilo en ese andar. Cuando me tomo alguna copa en bar conocido, recuerdo las risas de otros días en esa oscuridad. Cada melodía, cada libro, cada palabra, cada olor, cada objeto... casi todo lo que a veces me rodea está asociado a algo ya vivido.

Lo peor es que no me conformo con mis memorias. Puedo sufrir también las ajenas. Puedo ver fotos, ropas o utensilios de otras personas e imaginarme sus ilusiones pasadas, ya ahogadas por el tiempo, bien porque fueran cumplidas, bien porque fueran nada. Cualquier desván es el infierno de los nostálgicos y taciturnos. Es un cementerio de ilusiones, el estiércol de la melancolía.

domingo, 9 de octubre de 2011

Highway to Hell

Fue en Quito, en el House of Rock.

La voz en el escenario portaba gafas de sol y se asía al micro como a clavo ardiendo. Gritaba Highway to hell.

Al día siguiente haría cinco años de vida laboral. Mi trabajo me había llevado ahora a instalar el sistema de venta de una cadena ecuatoriana de tiendas para bebés. Gustaba pasearme por el local, cubierto de fotos de sonrientes mofletes y babas. Las estanterías repletas de artículos de inocencia, de felicidad porque aún la vida no golpea. Padres que crean una burbuja para su retoño y para ellos mismos, donde esconderse y dar sentido a esto.

La voz seguía gritando y el bar le acompañaba. Quería ser él. Le pregunto a mi compañero de alcohol qué haría si le quedara un mes de vida. Me iría a recorrer Europa, el mundo, contestó.

La mañana anterior, el taxista me narraba su vida, estudiando y trabajando en Colombia, en Río de Janeiro, Estados Unidos, Venezuela o Panamá. Me hablaba del increíble ancho del Amazonas. Yo miraba por la ventana. En un semáforo sobre un viejo muro leo: Para qué quiero la razón... si tengo corazón.

Ya se me acababa la cerveza, también la canción.

Fue anoche. Y en horas Iberia me devolverá a Madrid.


jueves, 6 de octubre de 2011

BCN


Amanece...



Cada día me enfrento a la catedral inacabada, hermosa metáfora de cualquier ser humano, de mí misma. Planos, grúas, martillazos... una construcción bajo el principio de incertidumbre, como cualquier destino, como el mío.

Me río: soy como la Sagrada Familia [sin ápice de ser sagrada, ni familiar]

Me siento diseñada por un dios loco que se olvidó construirme las columnas de normalidad, las instrucciones para vivir de puntillas. Nunca se me dieron bien los protocolos (¿ya lo dije?) y me revuelvo para encontrar algo de creatividad en mi día a día.

Ella, que sigue fascinando pese a ser sólo fachada, que intriga más aún por no tener las cosas claras y ocultar bajo andamios paredes indecisas. Parcheada, a retazos, y sin embargo única.
Con leyendas a sus espaldas, con la ambivalencia desiderativa de verla culminada o no.

A mí, las grúas me demuestran que aún sigue viva. Las demás catedrales se me antojan cadáveres perfectos.

Me reconoceréis: soy la que pasa cada día por delante suya con los labios pintados de rojo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Helen Keller y Anne Sullivan

Yo la he conocido hace sólo un par de meses, en alguna narración de Juan Antonio Cebrián, y días después en el estudio de qué es el ser humano. Es curioso como algo o alguien no existe para ti, y en un par de semanas, desde distintas fuentes, reaparece constantemente.

Quizá sea más conocida de lo que yo creo. O quizá sólo me llame la atención por mi amor a las biografías de aquellas personas a las que puedo admirar. Pero Helen Keller y Anne Sullivan son un ejemplo más de cómo subimos a los altares a quien simplemente goza de belleza o logra un buen golpe de revés con su raqueta, y nos olvidamos de los auténticos héroes.

Debido a una enfermedad, con sólo 19 meses, Helen queda sorda, muda y ciega. Encerrada en sí misma. Sin ni siquiera palabras para poder pensar. No es humana. Me da miedo imaginar esa cárcel. Anne tenía la llave. No sé cómo lo hizo, a pesar de las explicaciones que he leído. Pero consiguió que pudiera entender lo que le rodeaba, que pudiera leer, que pudiera escribir, que pudiera hablar. Hellen llegó a dar conferencias, a graduarse en la universidad, a dominar varios idiomas, a publicar libros.

Es una historia que me acongoja. Y que me alienta ante las minucias que la vida me pueda presentar para impedirme seguir caminando.

Pero me quedo con un momento. El 20 de octubre de 1936, ambas despidiéndose porque la muerte de la maestra iba a separarlas después de tantos años. Imagino cómo se debió de llorar.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Destellos

A veces un destello frente a ti deslumbra tus ojos. Ciego crees estar en otro lugar. Caminas iluminado y rodeado de oscuridad. Y al tiempo, igual lo inexplicable se vuelve cotidiano. Mas algún día la luz se va o la abandonas flotando a su suerte en la nada. Al poco la olvidas, o la recuerdas a tu manera, o no hay forma de sacarla de tus retinas.

Pasado el tiempo, tarde o temprano, verás de nuevo la misma luz. La misma, pero a lo lejos, dilatando otras pupilas y siendo admirada por otros ojos. Muecas extrañas se dibujan en tu cara. La contracción de músculos intentando expresar un sentimiento desconocido, que no es tristeza ni es alegría.

Como no sabes lo que es, agachas la mirada y caminas observando al suelo, oscuro y cabizbajo.


lunes, 19 de septiembre de 2011

Ser Trabajar

Quienes me conocen ya saben que soy un renegado de mi profesión. Cada día más. Y podría pensar que es una de esas cosas que me ha tocado vivir por mis extrañezas. No obstante, a mi alrededor, cada vez encuentro más renegados. Una generación completa intentando huir de nóminas, horarios, jefes y rutinas.

Según la antropología, la relación del ser humano con la naturaleza, el proveerse alimento, cobijo y energía fue el primer ámbito de actuación cultural y uno de los más importantes. Con la evolución, llegó la división del trabajo por la complejidad social y la cultura técnica, y con ella, la elección de una profesión se convirtió en la decisión más importante de nuestra vida, un curso de acción diseñado que afecta a la totalidad de nuestro modo de vivir: lo que uno va a hacer, a la gente que va a conocer, lo que vas a ser. Porque uno no trabaja con la informática, con la arquitectura o con la medicina. Uno ES informático, ES arquitecto o ES médico. Tanto es así, que la elección de una profesión implica, o debiera implicar, unos ideales o valores compartidos entre el individuo y lo que la carrera profesional conlleva. Aunque estos ideales muchas veces están manchados por lo que la sociedad establece como ideales de profesión.

Claro... que todo esto no pasa por tu cabeza cuando a los 18 años (en el mejor de los casos) tienes que tachar la casilla de una prescripción universitaria. Unas asignaturas u otras tampoco van a suponer un ambiente distinto en la oficina ¿no? ¿o sí? Cuántos conozco que cuánto pagarían por tener otra vez delante el maldito formulario.

Uno intenta tomar una perspectiva más optimista. Al fin y al cabo sólo es una forma de ganarse la vida. Mi ideal está en otro sitio, no en una profesión. Vivir para trabajar o trabajar para vivir.

Pero la realidad es que pertenecemos (o yo quiero pertenecer) a otra generación. El paradigma productivista para organizar una sociedad en la que el ciudadano se identifica por su contribución laboral a la comunidad y su realización personal a través del trabajo toca a su fin. Soy de los que cree que el ser humano ya ha inventado demasiadas cosas como para tener que seguir perdiendo un tercio de su vida ganándose el sustento.

Y sí, sé que en el Congo nadie tiene estas preocupaciones. Ni tampoco en el seno de muchas familias en paro empujadas a vivir en la calle. Pero a todos afecta. Porque todos formamos parte de ese ser humano que no debiera necesitar tanto para vivir tan poco.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Libro I

Uno de los libros clave que creo habríamos de leer antes de morir es El mito de la belleza, de Naomi Wolf. Quizás esté en algunos aspectos obsoleto o sea demasiado "yankicéntrico", pero me parece acertadísimo en su manera de analizar la realidad de esta mitad de la humanidad que somos las mujeres.

Se podía decir que es un libro feminista. Hasta hace unos años esa palabra no me daba miedo, pero decenas de conversaciones posteriores me han hecho creer que no se puede decir sin explicar después lo que se entiende por tal (en fin, las palabras en uso ya están acostumbradas a ser mancilladas o encumbradas). Feminista o no, es de esos textos que te ayudan a poner en palabras un algo abstracto que ya habías forjado en tu cabeza. Y que luego, en el día a día, te ayudan a ver con más lucidez las acciones propias y las ajenas.

La cantidad de horas, dinero y energía que gastan las mujeres para mantenerse bellas (y jóvenes, y tersas, y suaves, y morenas, y delgadas, y sexy, y...) La violencia erotizada, el fetiche cultural de la mujer violentada sexualmente. La mujer sometida a cortes, costuras, silicona, reducciones, abrasiones, estiramientos. La herramienta de control (sutil pero efectiva) disfrazada de pautas culturales para obtener reconocimiento, poder, éxito.

Cómo me encantaría formar parte de una tertulia de mujeres con las que reflexionar, avanzar, crecer, impulsarme. Una tertulia de libros y café, de caras reales y mentes despiertas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Circo


Como caramelos de caramelo con los labios pintados de rojo. Y desnuda.
Los caramelos me los trajo mi amiga que trabaja en Francia, el carmín lo compré en los chinos y la ropa me la ha arrancado el calor.

Palabras-chinotes (en tu zapato.)

¿Desde cuándo mi sufrimiento se convirtió en una agresión para ti?
(yo lo sé, fue desde siempre)

Y me repito: no puedes ser tan categórica
pero, ¿cómo se hace para que los sentimientos sean reflexivos y estén exactamente en la medida justa?

Lo sé, estás perdido.
Yo también, por supuesto

y entonces, ¿qué hacemos con esta Folie que da volteretas y se nos descalabra en nuestra cara?
tú le regalarás tu paciencia y tu calma y tu positivismo. yo la disimularé tras artificios de ocultación

Aclaración: aún no tengo reliados los hilos que me hacen bailar en el teatro de títeres que vengo representando

Ojalá no sientas cada una de mis lágrimas como ácido sobre tu piel
Ojalá no interpretes cada uno de mis mails como alarmas de incendio
Ojalá tu cabeza asienta silenciosa a cada una de mis palabras
Ojalá no me salves, ni me quieras salvar, ni yo te lo pida
Ojalá yo nunca sea el espejo por el que miras el pasado o el futuro
Ojalá mi ejército se ponga en huelga de vidas y se dejen disparar a quemarropa
Ojalá puedas remar a contracorriente hasta encontrarme y hacerme dejar de soplarte huracanes
Ojalá haya alguna respuesta (muda o de palabras o de acción) que pueda calmar mi pregunta
Ojalá estés después de que yo te haga desaparecer por arte de magia

lunes, 29 de agosto de 2011

Elegir-me

Te hablaré... de cuando a veces me siento desnuda y con frío. A veces me voy quitando velos y más velos, van apareciendo centímetros de piel... es mía esa piel y ya sin capas que la protejan queda expuesta al frío, al aire, a la mirada del otro. A tu mirada que da escalofríos.

Tengo miedo. Esto no se dice, no debería decirlo. Debería no hacerle caso al sentimiento, racionalizarlo, minimizarlo, creerme el absurdo que es. Y por supuesto debería guardarlo para mí, fingir que nunca lo he sentido o, si la conversación lo requiere, admitir que se puede tener algo de miedo, pero sin importancia. Nunca debieras saberlo tú, va en contra de la imagen que debo darte, la de chica alegre y atrevida. Las niñas malas no tienen miedo, no temen el dolor físico ni se asustan por las consecuencias de sus desmadres. No se puede tener miedo, porque eso del miedo es cosa de princesas. Y yo no puedo permitirme ser tu princesa, tengo que parecer rebelde y despreocupada, no amedrantarme sin sentido.

Elegir implica excluir y tolerar la falta.
(me parece una frase brillante)

Amor, quédate tranquilo, tengo un plan. Prepararé un brevaje para no generar más preguntas, para ser sencilla en mi manera de ver el mundo. Me coseré a la piel la curiosidad y el miedo, me tatuaré la corona de princesa en una de mis ingles (prometo no llorar cuando mis manos empuñen la aguja caliente).

Lo que no te prometo es que pueda seguir levantándome temprano cada mañana para ir a trabajar, como si todo siguiera igual.

domingo, 28 de agosto de 2011

Un ser humano

Con un libro en la mano sobre antropología filosófica estudio qué es el ser humano. Lo hago sentado junto a la ventana abierta de mi piso desde donde, desgraciadamente, no veo verdes campos, ni altas montañas, ni siquiera una plaza urbana. A pocos metros (el ancho de una calle peatonal) contemplo la escondida vida de otros vecinos desde sus ventanas parejas a la mía, aunque ellos guardan su oscura vivienda con persianas dormidas.

Repito pensamientos leídos de Ortega y Gasset... "el ser humano que habitaba el paraíso inmerso en la naturaleza sin problemas se hace humano cuando comprende la muerte y el límite del tiempo" ... "lo que más vale del hombre es su capacidad de insatisfacción" ...

En estas, me pregunto cuánto cabe en ese ser humano donde incluyo mi propio yo. Supongo que también deben ser humanos el matrimonio que desde la ventana opuesta entreabierta lanza gritos recíprocos y malas palabras de rutina y vida hastiada, cansados de no ser libres el uno del otro. Incluso ahí dentro de esa humanidad está otro habitante de la planta baja empeñado en que la música que escucha también sea escuchada por todo el barrio.

Empieza a despertarme cierta misantropía el repaso al catálogo de humanos disponibles en mi alrededor, unos más cercanos a los pre-sapiens que otros. Luego caigo en el propio Ortega y Gasset, también miembro de este club. Y sin saber por qué, recuerdo a aquel desconocido que se puso delante de un tanque. Ver de nuevo su imagen alienta cualquier esperanza:




domingo, 21 de agosto de 2011

Solo

Siempre que me pensaba en mi adolescencia me imaginaba en esta edad viviendo de urbanita solo en un pequeño apartamento. Acerté. Ahora me pienso sexagenario, ya no sé si en la urbe o en el campo, pero también viviendo solo.

Las paredes de una casa sin compañía dan para muchas reflexiones. Incluso para encontrar nuevos amigos. Pues no vivo como tal con nadie, pero comparto espacio con extraña compañía. Tengo una pareja de gatos conmigo (son imaginarios), se llaman Moqueta y Gamuza. El primero es un bohemio, que asiste a tertulias de literatos. El segundo es menos extravagante y más trabajador. También vivo con Calcetín, una planta que ahora se ha echado novia, una tal Pachira, un tanto exótica. En un rincón del baño se ha instalado hace algo más de un mes una araña, aún no le he preguntado su nombre. También está conmigo mi hijo Gordo (igualmente imaginario, claro) fruto de una antigua relación de amor. Incluso hay un montón de viejos autores alojados en unas baldas con los que de vez en cuando converso en silencio.

Hay días que es maravilloso llegar a casa, cansado de ruidos, cansado de la gente, cansado de vivir ahí fuera. En estos días, supone un placer inmenso el cerrar la puerta desde dentro, sabiendo que has llegado a tu madriguera. Que podrás hacer lo que necesitas en ese instante sin interferencias: pensar, leer, desnudarte, masturbarte, escribir, beber, dormir, llorar...

Hay días, sin embargo, que al llegar a casa, notas que ninguno de tus fantásticos compañeros de piso puede hablarte. Y echas en falta a alguien sentado en el sofá que ría, o a alguien a quien abrazar cuando intentas dormir y no puedes, o a alguien que no te haga sentir tan solo.


sábado, 20 de agosto de 2011

Sólo preguntas

Hoy un libro me ha explicado que los movimientos sociales que provocan cambios políticos son iniciados por un grupo de personas que interpreta la realidad de una manera diferente a como la interiorizó en su infancia, cuando se revela frente a su herencia cultural. Me pregunto cuántos movimientos sociales podría iniciar esta misma noche. Cuántos genes de tradición legitimada me quedan, nos quedan.

Hoy el cine me ha contado la historia de un hombre de 38 años que, tras las muerte de su madre, escucha la confesión de homosexualidad de su padre con 75, que morirá poco después, pero feliz como nunca. El hijo no es capaz de creer en el amor. Me pregunto cuántos matrimonios infelices persisten, cuántos de nuestros padres no se aman. Cuántos amores viviré y por cuántos meses los dejaré vivir.

Hoy algún periódico online me ha mostrado policías apaleando jóvenes en Madrid. La empatía me hace retorcerme con imágenes así. Esta semana se han cumplido 40 años del experimento de la cárcel de Stanford donde, en la línea del de Milgram, se vieron humanos que, con el uniforme de la aprobación supervisora, perdían toda piedad. Me pregunto cuántos posibles Adolf Eichmann se cepillan los dientes cada mañana. Cuánto rencor y soledad habita en nuestro interior para arrojarlo en quien se deje.

sábado, 13 de agosto de 2011

Cambiar para vivir

Los rincones a descubrir por las calles de la ciudad cada vez son menos al pasar de los meses y los años. Cualquier humano interesante es exprimido en un puñado de profundas conversaciones. En el amor, a pesar de todo, tras unos años, el estómago deja de encogerse al roce de la piel. Las curvas de tu cuerpo, asesino de razones, se quedan en placeres mecánicos tras por ellas haber derrapado. El supremo manjar es nada como almuerzo rutinario. La belleza desde cualquier cumbre apenas agita el corazón unos segundos, un minuto tal vez.

Cuando encuentras algún viejo conocido al que hace tiempo no ves, se conversa sobre todos los cambios, todas las novedades que pueblan ahora nuestro camino. Pero lo que permanece es obviado, es considerado no-vida, no digno de mención. Nuestra religión es lo nuevo. Y somos tan fieles a ella que no soportamos la rutina de establecernos porque sería dejar de vivir. No aceptamos un futuro escrito. El miedo nos paraliza si vislumbramos dónde o con quién estaremos de aquí a dos lustros. 

Cuando cada ciertos meses vuelvo al pequeño pueblo donde crecí, siento como el tiempo puede pasar sin que nada cambie. Me pregunto como toda esta gente puede vivir resignándose a la rutina de días iguales. Siendo, en parte, herejes de lo nuevo. Y a la vez que te niegas a vivir así, también hay algo de ti que siente cierta envidia por ese vivir sencillo.

Tal vez las cosas nunca cambian. Tal vez sólo nosotros seamos quienes cambiamos.

domingo, 7 de agosto de 2011

Bultoma

Salud o Jesús es el acto de cortesía en forma de palabra que habitualmente pronunciamos ante algún estornudo que llega a nuestros oídos. Los ateos preferimos hacer uso del primero. Se supone que, antiguamente, cuando la peste asolaba la vieja Europa, a quien estornudaba lo denunciaban gritándole esta expresión en nombre de dios y de la comunidad que quería salvar su vida de la epidemia. En la India o en Japón tenían (y conservan) una concepción más agradable del acto reflejo producto de la irritación de la mucosa nasal: cuando se produce, es porque alguien está hablando de ti, o alguien que te quiere te está recordando en ese momento.

No obstante, volviendo a occidente, el estornudo clásico ha perdido todas sus connotaciones. Su sustituto contemporáneo propio del avanzado siglo XXI es el bulto, o el bultoma según los términos médicos de ese dialecto ajeno a la RAE inventado para proteger la sabiduría de la profesión.

Cuando el individuo de a pie actual llega a casa aparcando su Ford Focus, sube en el ascensor mientras se fija a través del espejo en su ropa de rebajas, deja el HTC encima de la mesa, enciende la televisión buscando entretenimiento mientras se prepara alguna pizza en el microondas... y de repente nota una elevación en alguna parte de su cuerpo antes no detectada (en el cuello, en el abdomen, en la ingle...) el mundo se detiene. La peste moderna es el mejor spa para desconectar de trabajo, amor, familia, hipoteca y todo lo demás: el cáncer llama a tu puerta y lo demás no importa. Y el prepotente ser humano tiene que bajar de su pedestal tecnológico para agachar la cabeza ante la muerte y rogarle que le aleje de la enfermedad.

Aprender a vivir es aprender a morir.

Igual que cualquier estornudo del siglo XVI no siempre era peste... los bultos del tercer milenio suelen quedarse en simples días de reflexión, que tras un análisis médico, retornan al sufrido pensador a su vida cotidiana.

jueves, 28 de julio de 2011

China

Me he sentido en extinción cuando me solicitaban, por favor, tomarme una fotografía como algo raro pocas veces visto.

Me he enamorado de cuellos suaves de piel blanca, de cabello liso, negro y brillante, de cuerpos esbeltos y ojos extraños.

He contemplado paisajes sentado sobre una cima que sólo me evocaban la palabra sabiduría.

Me he perdido en Chungking Mansion buscando la ratonera donde dormía y recordando las leyendas de cuerpos no reclamados.

He recorrido Shanghai a media noche en un taxi a toda velocidad y con música dance de los 90.

En las montañas de Huangshan aprendí que los pinos pueden nacer de una grieta en la roca y retorcerse en busca de su verticalidad.

He descubierto que, lejos de lo ocurrido en Babel, es posible entenderse con otros humanos sin compartir una sola palabra, ni una sola letra.

He compartido el miedo a la muerte de aquel emperador que hace más de dos mil años decidió construir un ejército de 7000 soldados de terracota como defensa de ultratumba.

Ascendiendo junto a la cascada de los nueve dragones envidié a personas que trabajaban cada mañana barriendo el camino de su-bida.

Me he vuelto a sentir ignorante frente a la sabiduría inexplorada de Buda, del Taoísmo o de Confucio.

He acompañado sobre dos ruedas en el mismo carril a decenas de pekineses rumbo a sus trabajos.

He visualizado en Tian'anmen destellos de las páginas de 1984, el dogma de un símbolo, de una bandera y de un líder.

He deseado viajar a tiempos ancestrales para encontrar sabios meditando junto a lagos congestionados de nenúfares.

Me he enfadado con los editores porque los libros de texto del colegio nunca hablaban del lejano oriente.


sábado, 2 de julio de 2011

Bon voyage

No sé lo que un niño de los que nacían en el 83 en alguna provincia rural de China se imaginaba como el lugar más lejano al que podía llegar. Yo, desde una provincia rural española, veía la China como otro planeta en alguna galaxia paralela.

Esta noche tomaré una nave espacial buscando ojos rasgados y letras imposibles.

Caminante, son tus huellas el camino y nada más...

一路順風

miércoles, 15 de junio de 2011

Equilibrista

Ayer por la noche, la mujer-poesía me contó la historia de Pedro Salinas. Me dijo de las cartas que le había escrito a Katherine, la mujer prohibida que vio un instante y a la que amó toda su vida. Me dijo del amor derramado en letras que se mantuvo durante años, pese a que vivían a un atlántico océano de distancia. Me dijo que se vieron poco antes de morir él y que no hubo reproches por no sucumbir a su amor. Me dijo que ella, un día, preparando una clase sobre Salinas se dio cuenta, al fin, de cuánto lo amaba. Y que cuando intentó contactar con él, ya estaba muerto.

Pónganse en situación: noche muy calurosa, cena en una terraza de barrio, luces tenues de farolas, la sangre en los tobillos hinchados, las risas de las mesas de al lado, las tapas, las bebidas.

Me dijo: "ya somos tres. Salinas, tú y yo"

Se refería a la manera de amar. Con locura.

Yo le había contado de las excusas para faltar al trabajo para no despegarme de una piel, del sinsentido de levantarme cada día cuando no hay piel a la que pegarse; de mi trabajo a tiempo parcial de marioneta, muñeca hinchable, adoratriz y aprendiz de taxidermista.

Hoy, para compensar, he leído otra carta, la de Séneca a Lucilio "no basta moderar las pasiones, es preciso erradicarlas". Así de loca estoy. O así de friki, o así de gilipoyas.

Iba a acabar esto con un poema, cualquiera, de Salinas.


No te veo. Bien sé

que estás aquí, detrás

de una frágil pared

de ladrillos y cal, bien al alcance

de mi voz, si llamara.

Pero no llamaré.

Te llamaré mañana,

cuando, al no verte ya

me imagine que sigues

aquí cerca, a mi lado,

y que basta hoy la voz

que ayer no quise dar.

Mañana... cuando estés

allá detrás de una

frágil pared de vientos,

de cielos y de años.


Pero luego he pensado desequilibrar la balanza e inclinarme un poco más sobre el balcón. Deléitense con esta frase de una de las cartas de amor:


"Tú eres lo que me está pasando siempre"

martes, 14 de junio de 2011

Aniversario



El síndrome del aniversario es un término acuñado por una psicoanalista francesa para denominar a las semejanzas que se suceden en distintas generaciones de una misma familia. De alguna manera, existen patrones o hechos que se repiten y que adquieren un significado especial para los sucesivos descendientes. Ella hablaba de un inconsciente familiar. Muertes, nacimientos, rupturas, crisis, enlaces...


[Y hablando con mi abuela el otro día pensé en las mujeres de mi familia. Hijas donadas a hermanos que no podían concebir, niñas muertas de las que nadie se acuerda, niñas con el mismo nombre que las muertas para la perfecta sustitución, mujeres locas, mujeres que huyen lejos, mujeres brujas.]



Los secretos y tabúes se forjan así. Deslealtades o sucesos indignos se ocultan para proteger al honor, transmitiéndose a los hijos de los hijos sin palabras

(primera regla de la comunicación: no se puede no comunicar; hasta el silencio dice muchísimo)

[Mi madre atravesó ocho mil kilómetros para amar a un hombre tan vinculado a su familia de origen que muchas veces ella se sintió sola.]


Los chivos expiatorios sirven para lavar los pecados de toda la familia. Las víctimas (muchas veces por propia elección), absorben la culpa de todos. En todas las familas está el santo y el delincuente, la puta y la monja, el loco y el erudito, la arpía y la súpermamá. El error está en intentar ignorar al bando de los malos, procurar que no nos salpique, pretender que no tienen nada que ver con nosotros.


[A veces me imagino atravesando mil kilómetros para amar a un hombre tan vinculado a su familia de origen que muchas veces me sentiré sola.]


No me gustan los aniversarios. Me pregunto qué sería de mí si creyera en la predeterminación del destino...

lunes, 13 de junio de 2011

...vamos a contar mentiras, tralará...



De repente, lo digo en voz alta. Me digo la gran mentira en la que se está convirtiendo mi vida. Me siento ancestral pese a no haber cumplido los treinta. Pero soy una niña pequeña, una niña mentirosa, sin ningún cariz juguetón. Miento para que no se me castigue, y sobre todo, para que se me siga queriendo.






O mejor dicho, para que me siga queriendo.





Hay que joderse.









Y todo es mentira. Le digo que mis berrinches son por la distancia. Que no me importa no ser la ella de sus relatos. Que sé que me entiende. Que sé que me quiere.





Y cruzo los dedos de la mano cuando le digo que le quiero.




Sé que lo abofetearía para destrozar esa cara bonita, sé que me masturbaría a sus espaldas, sé que me haría la distante y fría. Si pudiera ser sincera, lo haría. Pero soy una burda mentirosa.




No miento para ser descubierta y reírnos a carcajadas de la travesura.

Hago trampas por pura supervivencia. Me paso veintiún días malviviendo, autómata, en estado de espora, hambrienta. Luego, durante cuarenta y ocho o, a lo sumo, seteinta y dos horas me dan de comer. Y trago sin masticar, sin saborear, ciega por alimentarme.


Me miento diciéndome que esto es lo que quiero. Y también cuando repaso todos los billetes de avión comprados para el verano, aún pendientes de facturar, imprimir, usar.






Le miento cuando le digo que lo dejaré todo por irme a vivir con él.





Lo que me asombra es que por muy evidente que sea, no soy descubierta. Es decir, descubro que aquéllo de que la mentira tiene las patas muy cortas, apesta o es mal disimulada también era un engaño. A todos nos encanta representar mentiras, perpetuar esta tragicomedia.






Le doy un beso de mentira antes de despedirnos en el aeropuerto.


Y regreso sola a mi casa. Y regreso a mi vida. Y justo cuando empiece a darme cuenta de nuevo de la mentira en la que estoy inmersa, sucederá un nuevo encuentro, mentiroso y rastrero, para que continúe descreyéndome, una y otra vez.

domingo, 5 de junio de 2011

En boca de otra

De un tiempo

a esta parte

estoy prisionera

en un coche

de gritos y hielo

que circula

por carreteras oscuras

y en vertical

como catedrales,

deslumbrada

por las luces largas

de los que vienen

en sentido contrario

que sois todos.




No hay nada como despertar un poema que diga por ti lo que no tienes cojones de hacer saber al resto.


Poema de Almudena Guzman, "De un tiempo a esta parte"

Fin de temporada

Para conocer a las personas con las que me voy cruzando en la vida, les suelo inquirir intentando acampar por momentos en sus retinas, aprehender su visión de las cosas. Les suelo preguntar. Sus reacciones a mi gatuna curiosidad me resultan tan importantes como sus respuestas. Probablemente las personas se definan mejor por sus interrogantes que por lo que inventan para calmarlos.

¿Qué quieres hacer antes de morir? Si fuera mañana. Si fuera este tu último mes. Si te quedara tan sólo un año. 

Es cuestionar qué quieres hacer de verdad cuando ya nada más importa. Conocer la autenticidad de tus deseos y sueños, conocerte realmente. Ante la pregunta, ves los ojos brillantes de tu interlocutor perdidos en su imaginación... Ninguna respuesta te deja indiferente: Me quedaría con mi familia, Lo viviría junto a tal persona, Me marcharía a recorrer el mundo, Escribiría un libro, Me suicidaría, Comería de todo, Dejaría de trabajar, Me iría a vivir solo, Telefonearía a mucha gente, Diría muchos te quiero, Me gastaría todo el dinero ... 

Te hace pensar cuánta gente no vive exactamente como quiere, o como viviría sabiendo que su tiempo es limitado, o más de lo que a priori cree. Y entonces yo mismo me encuentro entre ellos, me recuerdo cada día mi edad, mi futuro óbito y mis deseos. Y a la vez siento las semanas escurriéndose en mis manos, cada año a más celeridad.

Hoy he abierto el programa de teatro 2010-11 que repasé hace 9 meses y, como si fuera ayer, recuerdo como leí y marqué cada obra que quise disfrutar. La temporada terminó hace unos días. Sólo dos o tres obras pasaron por mis ojos. No, no es que mi sueño esté en un abono de butaca, ni que antes de morir quiera ser actor. Esto es sólo un toque más, un "¿ves como está volando tu vida?"
 

sábado, 7 de mayo de 2011

La esclavitud del espejo

Conocer el origen de nuestras inseguridades nos hará más seguros. Se puede salir a la calle sin usar maquillaje. Hace tiempo alguien quiso poner la meta femenina en ser bellos jarrones del brazo de un rico hombre. Hace tiempo alguien quiso poner la meta masculina en ser ricos hombres con un bello jarrón del brazo. Muchos y muchas tiraron estas metas a la basura. Pero aún quedan emociones inculcadas. Sensaciones de fracaso, miedo, culpa e inseguridad asociadas a los valores de la belleza o el éxito económico.


domingo, 1 de mayo de 2011

Polaris

Muchas veces me acusan de no ser capaz de amar por no sentir sin pensar. Como si lo que sintieras en el amor no tuviera nada que ver con lo que pensaras, como si la forma de amar fuera algo innato, igual aquí que en las tribus de Nueva Guinea.
 
¿Y qué es amor para vosotros que me acusáis? Difícil explicar una definición hecha con pedacitos de películas, matrimonios parientes, sueños, instintos y necesidades insatisfechas... Tan poco hemos pensado en ello que dejamos que lo piensen nuestras emociones. Ya nos enamoraremos del borracho que nos maltrata, del niño de treinta años, del posesivo dependiente, del que miente a todos menos a mí. Ya pensaremos en el amor cuando nos divorciemos, cuando nos repartamos hipoteca e hijos, cuando ya no me pongas tanto y piense que algo me falta.

No es culpa nuestra, supongo. El inventor de Cupido es pariente lejano del inventor de la navaja suiza, difícil encontrar una que corte, o atornille, o lime, o descorche... Como la dificultad de hallar un amigo, un colega, un compañero, un amante sexual, un familiar, un socio económico, un confidente, un apoyo, un cónyuge... en una única persona. ¿A quién se le ocurrió tal invento? 

Cuando buscamos entre los 6000 millones de personitas a alguna por la que apostar... A parte de fijarnos en esas bocas que comer y caderas con las que bailar... ¿A quién se ama de verdad? ¿Cuál es la condición necesaria? Yo no creo en amores incondicionales. No creo en amores alejados de lo que el ser humano es, ni de lo que aspira a ser. Creo más en el amor aristotélico. Y creo que sólo se puede amar profundamente a quien admiras y a quien crees, en cierto modo, que es mejor que tú.

Dos personas que creen al otro mejor que a sí mismos. Polaris siempre en frente. Sea en la dirección que sea. Será tu dirección.

sábado, 30 de abril de 2011

Ella

yo,
a veces amarga, otras empalagosa

a veces mariposa y otras, demasiado oruga

soy del grupo de humanos
que no siempre huye del dolor
y fomenta a veces esa relación perversa
de dolerse a cambio de saciar la curiosidad

me inculcaron el miedo a ir sola por el mundo
el miedo a lo que los hombres podían hacerle a las mujeres
me enseñaron mi debilidad aún antes de que pudiera demostrar mi fuerza

de pequeña me gustaban los personajes de niñas
que no necesitaban a los adultos
que se burlaban de la autoridad
(que solían ostentarla ellos)

y de grande muchas veces
he buscado referentes
de mujeres parecidas

ya lo dije: me gusta desnudarme delante del espejo
para que, al menos, haya dos ojos mirándome
(todo lo demás, es desamor)

no soy de nadie
aunque haya noches que desearía
tener un dueño que me atase a la cama

no soy siempre todo lo generosa
que podría llegar a ser

ah, otra cosa más
sobre el dolor
sobre Mi dolor:
a veces disfruto viéndome sangrar la herida
aprendiendo a cosérmela
y a perdonar.
otras veces,
no permito que el que osó dañarme
pueda acceder a mi imperio.

y no podría predecir
cuándo encontrarás a una u otra folie
la que te acepte o la que se retire.
es un enigma que ni yo sé resolver

alguien que me quiere mucho siempre me dice
que he venido a la vida a celebrarla

estoy de acuerdo

salud!


Madame Butterfly, de Igor Samsonov

jueves, 21 de abril de 2011

Martes (santo)

Él entraba arrastrando unas chanclas medio descosidas. Era bajito, y parecía aún más pequeño con los hombros cargados. Llevaba pantalones de pinzas y un jersey raído. Una gorra que ha pasado mucho tiempo al sol.
Ella, era alta, muy alta, pero aun así, tenía el mismo aspecto desvalido. Apretaba fuerte el pañuelo que traía entre las manos.

Los senté en la sala, y les hablé, obviando las palabras clave. Aséptica.
No quise repetir las verdades; con una vez, por hoy, basta.

Ya llevaba yo la angustia en la garganta, las lágrimas preparadas: pena. Y no se qué resorte saltó, cuando les pedí que me firmarán:
“No se escribir”
Yo fui su mano rellenando nombre y apellidos: "El carné, por favor". Ahora me sentía identificada con el destino trágico, anticipando la lucha desigual que comenzaba justo en aquel momento. Estaban todavía muy fuera de entender la realidad que acababa de estrellarse contra ellos.

Les acompañé, tocándole el brazo, a ver a su hijo; fui incapaz de quedarme con ellos.

Esperé a que salieran: el hijo permanecía en un sueño artificial, midazoliano. No creo que estuviese ajeno a todo esto, lo sabía. Hace tiempo que tenía síntomas que se atribuyeron a otras causas. Probablemente, la descubierta hoy sería la final.

Cómo me joden las limitaciones a veces; no ser los dioses o adivinos que ellos esperan.


viernes, 15 de abril de 2011

Treinta segundos

Los griegos distinguían tres tiempos diferentes: El tiempo de los mortales, la lucha por sobrevivir, la injusticia, el trabajo, lo efímero... era el tiempo de Chronos. El tiempo de los dioses, eterno, de la plenitud y la perfección, del cosmos... era el tiempo de Aidion. Y un tercero, el tiempo del instante eterno, el enlace fugaz entre los anteriores, el de la divinidad rozada por segundos con la yema de los dedos, el del arte, el del beso, el del orgasmo... era el tiempo de Aion, el rayo entre la tierra y el cielo, entre lo mortal y lo inmortal.

Ella caminaba entre la gente. Vestía ropas transparentes para ser invisible a miradas ajenas. Se acercaba a las parejas, a los grupos, a las conversaciones. Casi cerraba los ojos para concentrarse en las palabras. Luego los abría, y recogía el gesto. Siempre pensó que todos hablamos demasiado. Se discute demasiado. Nacimos para gritarnos. Será necesidad. Igual que quien ama a la persona que no existe intentando cambiar a la que es para que sea otra. Igual que quien no deja de hundir para olvidar su hundimiento. Igual que quien busca la aprobación ajena a una vida que tiembla. Esto es lo que nos hace hablar sin escuchar. Ella hacía tiempo que le pesaba la imposibilidad de ser comprendida. Las palabras le abandonaban. La complejidad le levantaba muros para hallar humana complicidad. Ya no sabía hablar, y casi olvidaba escribir. Why is it so hard to talk?

Cuando la gente viaja en bus urbano se pierde entre auriculares o acariciando teléfonos. A veces, dirigen fuera la vista perdida, repasando fachadas de aburridos edificios por su rutina diaria. El rojo de un semáforo vive periódicamente lo que requiere en función del caos circulatorio que nosotros, pobres desperdiciadores de vida, provocamos yendo puntual a nuestra cárcel oficina. Las anchas avenidas hacen que dos autobuses puedan cruzarse en carriles paralelos en un rojo fugaz para encontrar miradas confidentes, entre dos líneas de destinos y paradas distintas. Miradas clavadas, sin palabras ni parpadeos. ¿Treinta segundos? Antes de volver el verde, y seguir girando las ruedas, la ciudad, el mundo. Dos personas. El alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada. Fue un Aion, un instante de eternidad a través de dos lunas vidriadas.

jueves, 14 de abril de 2011

Sobre mujeres


A retazos, voy construyendo una realidad que, pese a empeñarme en llamarla así, se me antoja un escaparate en el que me siento permanentemente al otro lado del cristal.

Ayer entré en una tienda de ropa [cuyo perfil de consumidoras es mujeres jóvenes] y me quedé por un momento observando la escena de luces, música, cuerpos moviéndose y esquivándose. Me fijé en cómo la mayoría se acercaban interesadas a un perchero cualquiera, tiraban hacia afuera de una prenda y tras un rápido vistazo la soltaban con un gesto de desdén. Coño, me pareció increíble cómo la mayoría de las chicas tenían la misma manera de curiosear entre las prendas, con cierta actitud de desgana, de desprecio incluso al apartar camisetas abandonadas sin percha. Algunas eran muy jóvenes, les calculé unos doce años. Pero también ellas mostraban ser conocedoras de los movimientos precisos, de esas normas tácitas de elegir y adquirir.

Conozco a mujeres que quieren quedarse embarazadas pero no lo anuncian para que la presión del exterior se mitigue. Otras, las que han anunciado la intención, me confiesan sentirse de alguna manera evaluadas si el tiempo corre y la sangre sigue llegando puntual a su cita del mes.

Sabonis, mujer que asiste a mujeres, me contó historias preciosas. Sobre la sensación de tener las manos propias cubiertas de sangre de la mujer de cuyas entrañas acaba de extraer a un recién nacido. Sobre la sensación de tener que intervenir a mujeres cuyo himen ha estado indemne hasta ese momento en el que sus manos provistas con bisturí se abren camino, entrañas adentro.
[cabe decir que insistí a Sabonis que se uniera y escribiera por ella misma estas joyas que vive cada día... supongo que no le importará que le haya robado las palabras]

Hoy una de mis compañeras de trabajo olía a jabón verde.

De adolescente hacíamos una especie de juego, preguntándonos las unas a las otras si preferíamos ser monja o puta. Yo elegía a la segunda, casi por intuición.

Ya lo he dicho alguna vez: me abandono a la curiosidad de conocer a las antiguas amantes [me siento como jugando a iluminar con una linterna la cara oculta de la luna]. Y me dejo llevar por las sensaciones, me hace sentir viva.
Nunca sabes si es mejor que fuesen guapas o feas, listas o tontas, buenas o malas.
No me olvido que, seguro, algo llevo de ellas.
No es posible escapar de repetir una y mil veces la manera de vincularse con los demás.

Hace unos minutos, en una papelería, dos mujeres renegaban de la maternidad [con los hijos delante, jugando con la plastilina]. Han dicho mirándome, uy, vamos a asustar a la jovencita.

¿Jovencita?

He venido a casa pensando en la idea del cristal del escaparate, mientras tarareaba Tan joven y tan viejo, de Sabina...

martes, 5 de abril de 2011

(Del lat. parabŏla).

Hay una península ibérica íntegra atravesando mis días.

Cada día me despierto y emprendo camino. Mil kilómetros. Y me armo de palabras para recorrerlo.

Palabras a mi espalda, que a veces me pesan demasiado [las respuestas a mis preguntas prohibidas que nunca quise escuchar]
Afilo a golpes de cuchillo palabras para cuando necesito defenderme [usándolas como alfileres de budú].

Geografía. Atlas. Mapas. Territorio. Agua, tierra, aire.

Caigo en la tentación de gastar frases enteras a cambio de un carromato al que subirme un trecho del camino. O me sirven de abrigo o de venda para los pies.
Algunas de ellas son palabras escondidas, tengo que llevarlas pegadas a la piel para que no se me noten debajo de la ropa y poder atravesarlas de estraperlo por toda la península.
Y hay veces que no tengo una palabra caliente que llevarme a la boca.



Cada día me armo de palabras, me sueño en palabras, me masturbo con palabras, me duelo con palabras, me despeño, me escalo, me ahogo, me hielo, me seco, me entierro, me siento viva con palabras.

Mil kilómetros. Cada noche llego exhausta a mi destino, muchas veces sin palabras, amor, o con palabras inservibles o inapropiadas, porque las correctas las perdí o me las confiscaron vete tú a saber en qué hito del camino.

Pero siempre llego. Muda o deshilachada, me quedo dormida mientras tú reconstruyes con saliva los fonemas rotos que llevo colgando.
Y cada mañana vuelvo a despertar a mil kilómetros de distancia.

domingo, 3 de abril de 2011

VII Programa Marco

Fue el viernes. Estaba rodeado de gente entusiasmada. Con su trabajo, con la investigación, con la tecnología, con la informática. Nos presentaban en una jornada un taller para crear propuestas al VII Programa Marco, un proyecto de la Unión Europea que incentiva el I+D+i con 50.000 millones de euros en 7 años. Aquella gente sonreía y hablaba de ideas para un mundo mejor. Un mundo, por ejemplo, en el que nadie pueda perderse en un parque natural gracias a las RFID o al GPS. Parecía ciencia-ficción. Hoy, paseando, veo que ese mundo ya está entre nosotros. Sentaos a observar en la calle aquellos que se quedan solos durante un momento. Es imposible encontrar a nadie despegado de unos auriculares o un teléfono. Me pregunto qué será de nuestra generación que ya no piensa ni siquiera cuando nos quedamos a solas con nosotros mismos en la calle, ni siquiera alejados de la televisión, ni siquiera en las caminatas de vuelta a casa.

Ahí estaba yo, rodeado de informáticos escuchando conferencias tecnológicas. Como uno más, porque, aunque renegado, aún soy uno más. Y mientras intentaba recordar cuándo fue la última vez que tuve una conversación con alguien sin que me interrumpiera el grito de un teléfono móvil, me preguntaba cómo de mejor realmente podríamos hacer este mundo dedicando esos 50.000 millones a otras ciencias menos comerciales. A premiar en la política, la ética, la justicia... Cuántas grandes ideas encontraríamos... Claro que nadie iba ahorrar para comprar un ensayo filosófico pudiendo gastar diez veces más en una tableta que acariciar con el dedo...

En los descansos, en lugar de tomar café con mis colegas, me paseé por la facultad. Mi antigua facultad. Me asomaba a las clases con curiosidad para reconocer viejos profesores y encontrar nuevos alumnos. Vi con un no sé qué a esos universitarios sentados atendiendo a la pizarra. Me imaginaba entre ellos años atrás. ¿Sabrían a qué mundo iban a dedicar gran parte de sus esfuerzos mientras tomaban notas del divide y vencerás? ¿Lo sabrían?

sábado, 26 de marzo de 2011

Sabor a recuerdo

Dicen que el olor es el sentido que mejor evoca o despierta los recuerdos que ocultos se mantienen entre telarañas arrinconados en los confines de tu memoria. Probablemente así sea, pues todos hemos vivido el traer al presente felicidades y llantos pasados con sólo una inspiración que toca donde la fragancia del recuerdo se ha instalado.

Algunos cuentan con el defecto de la excesiva memoria de acción o memoria histórico-biográfica, que les obliga a repetir sus años anteriores sin descanso. Desde la feliz infancia de la ignorancia aniñada hasta los desvirgados años de descubrir lo que la vida puede llegar a ofrecer. Y qué lamentable puede llegar a veces a ser el contarse uno mismo entre estos que releen constantemente el libro de su vida. Que encuentran marca páginas que les conducen a episodios que uno revive con la mirada al vacío abstraído del mundo exterior, terminando la representación interna con una asqueada sonrisa de ¡joder, qué cosas tiene la vida!

Pero entre memorias y sentidos no quiero quitarle al olfato su privilegiado lugar. Sólo que esta noche me vino la idea, por experiencia real, que hay otros sensoriales que, aunque no son los más expertos en desempolvar viejos recuerdos, sí son los que primero se encuentran en cola para ser echados en falta. El gusto. El sabor de las cosas. Cerrar los ojos en cualquier lugar, concentrar todo tu yo en tu boca, y traer a tu lengua, a tus labios, los sabores perdidos... de pezones gruesos, de templados jugos, de bocas hambrientas, de pieles tersas. La boca desaparece en agua hasta alcanzar el límite de lo suficiente para volver de nuevo a la realidad. Y dejar de ensoñar.