miércoles, 7 de abril de 2010

El oso humano

Hace tiempo leí un cuento, esas fábulas que tan de moda han estado últimamente, sobre un elefante atado en un circo. La historia cuenta cómo un niño se preguntaba por qué un enorme elefante estaba atado a una pequeña estaca y sin escaparse, a pesar de que un animal de su tamaño y su fuerza podría arrancarla sin el menor trabajo. El maestro (o el dueño del circo, o el padre, o ese que siempre aparece en estos cuentos al final para enseñarnos la respuesta) le hizo ver que el elefante fue atado cuando era muy pequeño y no podía escapar a pesar de sus empeñados intentos. Luego pasó el tiempo y el animal nunca volvió a intentar huir pues ya había asumido que era imposible.

Claramente la moraleja es que muchas veces nos imponemos límites que ni siquiera intentamos superar porque en su día estaban ahí o porque los hemos aceptado como naturales. La moraleja es buena, de acuero, sin embargo, cuando escuché o leí todo esto, no podía dejar de pensar en otra cosa: el pobre elefante enorme y triste atado en un patio al servicio del circo en las horas de función.

Hoy, en uno de esos momentos semáforo-atasco he visto un cartel publicitario colgado de alguna farola anunciando alegremente la próxima llegada a la ciudad del Circo Blas (Blas = nombre del circo). Y su principal atracción, con foto del animal en posición bípeda, se titula el Oso humano, el cual, desgraciado de él, responde con acciones a 50 palabras que alguien le diga. Y me he vuelto a acordar del elefante en la estaca que parece grabado en mi memoria. ¡Malditos los circos!

Un oso es un animal que puede llegar a pesar 500 kilos y mide más de 2 metros. ¿Os lo imagináis en una jaula, o en un camión viajando de una ciudad a otra, o en el centro de una carpa disfrutando de sus 10 minutos para estirar las patas a cambio de contestar setándose o caminando a las palabras que le grite el que antes le azotaba? ¿Os imagináis a tigres y leones enjaulados? ¿A elefantes? ¿Veis sus caras? ¿No os parecen agotadoramente tristes?

Somos una sociedad en donde el premio que concedemos a nuestros hijos pequeños por portarse bien es asistir al Circo Blas en la feria local de la ciudad. Allí disfrutarán de ver animales secuestrados de su medio natural enfrentándose a la vara y al fuego. También les enseñarán a desternillarse contemplando como le patean el culo al payaso gordo. Y, si tienen suerte, podrán ver de cerca de nuevo a los animales al salir, escondidos apretados en sus jaulas, muertos de miedo.

Hazme un favor, no lleves a tus hijos al circo.

viernes, 2 de abril de 2010

¿No volveré a ser joven?

La vida me rodea, como en aquellos años

ya perdidos, con el mismo esplendor

de un mundo eterno. La rosa cuchillada

de la mar, las derribadas luces

de los huertos, fragor de las palomas

en el aire, la vida en torno a mí,

cuando yo aún soy la vida.

Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,

y un amor fatigado.

¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;

y amar, mientras se agota el corazón,

un mundo fiel, aunque perecedero.

Amar el sueño roto de la vida

y, aunque no pudo ser, no maldecir

aquel antiguo engaño de lo eterno.

Y el pecho se consuela, porque sabe

que el mundo pudo ser una bella verdad



Francisco Brines
Aún no (1971)

La vida amurallada

...y la vida que se escapa, en qué bala está tu corazón...


La vida amurallada
Carlos Chaouen

miércoles, 31 de marzo de 2010

Banausos

¿Qué somos sino esclavos? ¿Quién nos vendió la virtud del trabajo? La vida es enormemente rica para hacer durante tantas horas, tantos días, tantos años... lo mismo. 

En boca de Sócrates: "Los oficios llamados artesanales (banausos) están desacreditados y es muy natural que sean muy despreciados en las ciudades. Arruinan el cuerpo de los obreros que los ejercen y de los que los dirigen obligándoles a llevar una vida casera, sentados a la sombra de su taller e incluso a pasar todo el día junto al fuego. Los cuerpos, de esta manera, se reblandecen, las almas se hacen también más flojas. Sobre todo, estos oficios, llamados de artesanos, no les dejan ningún tiempo libre para ocuparse también de sus amigos y de la ciudad, de manera que estas gentes aparecen como individuos mezquinos, ya sea en relación con sus amigos, ya sea en lo que toca a la defensa de sus respectivas patrias. Por eso, en algunas ciudades, sobre todo en las que pasan por belicosas, se llega hasta prohibir a todos los ciudadanos los oficios de artesanos"

Jenofonte
Económico

Los griegos no eran diferentes, creían lo mismo que nosotros, pero nosotros no pertenecemos al grupo de Sócrates, ni al de aquellos que en el foro se reunían a vivir. Nosotros somos los que para ellos eran sus banausos y sus esclavos. Lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta de lo que somos...

sábado, 27 de marzo de 2010

HOY

Hoy he soñado bajo un cielo de acuarela

del mejor pintor de brocha gorda.

Un gorrión, pájaro innoble y olvidado,

trabaja bajo una teja.

El moho, mustio, sale de su sombra

y el verde vivo llena el horizonte.

¡Qué alegría el sol en la cara,

la primavera en el aire!


Esos instantes...


A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Oscar Wilde (16 de octubre de 1854 - 30 de noviembre de 1900). 
Escritor, poeta y dramaturgo británico.

jueves, 25 de marzo de 2010

Frases en la autopista

Autopista del Norte. Tenerife. Eterna e interminable caravana matinal. Una frase de 20 metros escrita en la ladera de una montaña cambia cada cierto tiempo, desde marzo del año pasado. Son mensajes que te invitan a sonreír, a soñar. Ideas que te colocan en el lado positivo. Objetivo: Propagar el optimismo.

¿Autor? Un anónimo. ¿Sus frases? http://frasesanonimas.blogspot.com/